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martes, 21 de marzo de 2017

El Escritor Carlos Fuentes Y Don Margarito Flores

El Escritor Carlos Fuentes Y Don Margarito Flores

Carlos Fuentes publica en 1971 una serie de ensayos que tituló Tiempo Mexicano. En él trata de la realidad mexicana de entonces. Y es en el capítulo Lázaro Cárdenas, donde habla de su entrevista con el célebre Don Margarito Flores, personaje que tuvo mucho que ver con la gesta del ejido de Atequiza.

Pocas personas en la Historia tienen el honor de ser descritas por  grandes escritores, pues aquí tenemos el caso: Carlos Fuentes dedica unas gotas de tinta a la descripción e impresión que tuvo al platicar con Don Margarito Flores, convirtiéndolo así, en el único hombre de nuestro pueblo que ha merecido la molestia de que alguien de la talla de Fuentes lo incluya en sus análisis.

A continuación se presenta al pié de la letra como aparece en la publicación, palabras mismas del renombrado escritor: 28

… Ahora, mientras recorremos el Hospicio Cabañas en Guadalajara, Pepe Zuno nos presenta a Don Margarito Flores, ejidatario de Atequiza, hombre de avanzada edad que sigue empeñado en la lucha sin término por la tierra y la libertad en México. Hombre de huarache y manos encallecidas, rostro arrugado y sonrisa dulce, don Margarito resume su filosofía en pocas palabras: “Me han querido quebrar, pero nomás centura me hacen”. El drama de Don Margarito es el de muchos campesinos mexicanos. Siembra trigo en su tierra y se ve obligado a
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27 Ibídem pp. 44-46, 52-53
28 FUENTES, CARLOS (1975). Tiempo Mexicano. Sexta Edición. Cuadernos de Joaquín Mortiz. México DF. p. 100


entregar la cosecha a los molineros que por una cosecha de diez mil pesos solo le entregan  cinco mil al ejidatario. Los comerciantes y los pequeños propietarios, hoy, ejercen una tiranía tan temible como la del gran terrateniente de antaño. En estos momentos don Margarito continúa la lucha contra los propietarios ricos, que han obtenido la concesión para distribuir la electricidad en el municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos. Resulta que los concesionarios le cortan la luz a los ejidatarios a las 7 de la noche y les cobran lo mismo que a los usuarios “privilegiados”. El viejo luchador ve así el problema: no pueden coexistir el ejido y la pequeña propiedad. Los propietarios privados – los “colonos” como los llama don Margarito – acaban por dominar el comercio y los medios de producción, imponen el agio y dividen a los ejidatarios. Son un factor de rencillas, injusticias y fricciones. Se constituyen en nueva casta privilegiada frente a los ejidatarios. “Nos miran – dice Margarito – desde arriba, como Cristo a los conejos: chiquitos y orejones.” Otros campesinos se acercan. Nunca les dieron maquinaria para trabajar bien el ejido. El Banco Ejidal los robaba. Se permitió la creación de nuevos latifundios solapados. Se permitió que reaparecieran los agiotistas. Los “colonos” se construyeron sus buenas casas y los ejidatarios siguieron viviendo en jacales. Los molineros se robaron la mitad de las cosechas. “¡Ah – dice un campesino -, pero un día se les va acabar la gorda y los vamos a poner a trabajar!”.





Imagen modificada a partir de una fotografía de Carlos Fuentes en 1975