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lunes, 20 de marzo de 2017

Y Los Colonos Se Fueron

Y Los Colonos Se Fueron

El Banco se encargó de cobrar y dar mantenimiento a la infraestructura hasta que según los lineamientos del contrato aplazado en 25 años, quedaran en manos de los colonos, las anualidades  ascendía a 400 pesos oro por hectárea de riego de primera en 1927. Aún así faltaron gentes para colonizar las haciendas de Atequiza y La Capilla. El Banco desde el principio tuvo irregularidades al cobro excesivo de las ganancias de la siembra de trigo, de maíz y garbanzo en las de temporal, tratando igual a los peones aparcelados. El trigo se vendía generalmente a los molinos Germania y Carmen de Guadalajara [el de Atequiza no funcionaba]; el Banco cobraba según la cosecha, entregando el resto de las ganancias a los colonos, que la mayoría de las veces no se enteraban de el monto por el que se vendían sus cargas de trigo. Se dio por consiguiente, una explotación al colono al extraer una parte considerable del valor generado por la fuerza de trabajo de las familias. Por si esto fuera poco, los alemanes tenían una barrera idiomática, en ocasiones no podían sembrar toda su tierra por los altos costos, ni podían hacerlo con las técnicas que conocían, menos intentar el cultivo de otras siembras más rentables, carecían de maquinaria digna y muchos de ellos, para colmo, enfermaron de paludismo. 12
  




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11 Fernando Pozos Ponce op. cit. p. 21
12 Ibídem pp. 22-24

            En 1929, cada hectárea triguera producía cuatro cargas (una carga = 161 kg.) pagándose a $17.00 cada una, o sea $68.00 por hectárea, el producir el trigo hasta la trilla llegaba a costarles $69.50 anualmente, de este modo los colonos tenían un déficit anual de $1.50, situación grave y desesperante para ellos, al no tener ninguna capacidad de acumulación económica, además la sociedad cooperativa que se estipulaba en los contratos del Banco nunca se creó. Los colonos tanto mexicanos como extranjeros, empezaron a dejar sus terrenos y casas quedando más pobres y endeudados que cuando llegaron. Algunos de los alemanes emigraron a estados como Sinaloa y Durango, otros se emplearon en granjas y negocios; cruzaron a Estados Unidos o simplemente regresaron a Alemania. Para 1932, séptimo año de vida de la colonia, solo había cuatro familias de las 36 que llegaron a poblar Atequiza y La Capilla; de ellas, únicamente dos obtuvieron como propios, los terrenos que habitaban. El Banco se vio obligado a bajar su cuota por hectárea de riego de primera a $350.00, impulsó otra campaña publicitaria para vender y “le salió el tiro por la culata” pues se incrementó la deserción, debido a que prácticamente trabajarían de por vida para El Banco sin poder pagar su deuda. Quedaron 132 lotes comprometidos en compra—venta y 149 vacantes que correspondían al 54% de la hacienda, algunos colonos tenían varios lotes en su poder, por ello, estas cifras no significaron el numero real de familias –  que se dedicaba además a la ganadería y comercio, pues de otra manera no hubieran sobrevivido a la carencia – . 13

En las casas rurales estilo alemán, habitaron familias de apellido Krause, Gersinkon y Ginger entre otras. Abandonadas sus viviendas, fueron destruidas. Todavía en 1938 la familia Krause recibía correspondencia procedente de Alemania. 14

A la fecha, se encuentran vestigios de lo que fueron estas casas, tenemos la conocida Casita Dos, en el camino a la esatación; otra casa propiedad de la Fam. Salcedo y la mejor de todas, con sus materiales originales, es decir la n° 9, propiedad de don Netzahualpilli Sandoval Pérez, que la ha sabido conservar casi intacta a kilómetro y medio del pueblo, el primer dueño de esta casa era alemán llamado Andrés. Las casas estaban ordenadas por números del uno al cuarenta, ubicándose la uno al norte pegado al terreno que ocupa hoy la normal de Atequiza y la número cuarenta ubicada cerca de La Capilla en un terreno denominado el Rodadillo, de la cual era dueña otra alemana de nombre Alma que visitó desde Alemania, hace poco, su propiedad y la repartió a sus hijos. 15 Don “Pili” Sandoval, recuerda también a un vecino alemán, llamado Federico Lorca y a otras familias que hacían queso, crema, mantequilla y vendían huevos llevándolos incluso a Guadalajara. 16 La colonia siguió existiendo todavía hasta una vez formado el ejido en los años posteriores a 1934.
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13 Ibídem pp. 24-27
14 Ma del Carmen Orozco Cano. “Rescate del Patrimonio Cultural de Una Población de Jalisco”. Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco, Agosto 28 de 2001, p. 4
15 Don Netzahualpilli Sandoval Pérez citado por El Veraz. No. 51 “Historia de Atequiza: La colonia de los Alemanes” J. Concepción Comparán. Atequiza, mayo 2000

16 Netzahualpilli Sandoval Pérez, Entrevistado en junio, 17 de 2002.

Casa en ruina del mismo fraccionamiento. Ubicada a la entrada de La Capilla, por la carretera vieja.   Fot. Nestor Adrián Padilla Arias. Atequiza 2002